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Los puertos de paso de la Vuelta a España: Estacas de Trueba

6 agosto, 2014

 

 

Iniciamos aquí una serie que nos irá llevando a conocer los puertos de paso más importantes que va a presentar la próxima edición de la Vuelta a España. Todo con el fin de conozcas mejor que nadie el recorrido de la ronda española. Tranquilo, que no nos olvidamos de los puertos que son final de etapa, pero esos los iremos publicando el mismo día en que se vaya a disputar la carrera sobre ellos…así que estate atento.

 

Y hoy empezamos con los puertos de la decimotercera etapa, la cántabra, que con llegada al Parque de la Naturaleza de Cabárceno presenta una buena ración de puertos de paso, además la mayoría de ellos puntuados por debajo de su auténtico nivel. Una trampa en toda regla para aquellos corredores que no conozcan bien el recorrido…o que no bajen bien.

 

impactante
impactante

Porque las bajadas van a ser fundamentales ese día, más aun si le da por salir una jornada de frío, lluvia y niebla como las que tan frecuentes son en el norte. Por eso no debe extrañarte que hoy presentemos un puerto de tercera, apenas una tachuela, pero que presenta la que seguramente sea la bajada más peligrosa y vertiginosa de toda la Vuelta a España. Y es que en las rampas de Estacas de Trueba muchos pueden perder sus opciones de victoria si les entra el miedo ante sus abismales barrancos y empiezan a tocar de más el freno.

 

Estacas de Trueba es uno de esos puertos meseteños que tienen mucha dificultad por su parte cantábrica pero que por la cara sur apenas son una sucesión de leves repechos. Este en concreto no va a presentar nada de dificultad a los ciclistas, ya que desde Las Machorras sus once kilómetros y medio de subida presentan una media inferior al tres por ciento, y ninguno de ellos se eleva por encima del cinco. Eso sí, la carretera es botosa y con grijilla, algo que anticipará a los ciclistas el infierno que les puede esperar en la bajada.

 

Un descenso vertiginoso
Un descenso vertiginoso

Y es que la otra vertiente de este alto es completamente diferente, catorce kilómetros al 5,5 % de pendiente media sin ningún descanso y, sobre todo, por un paraje espectacular. Básicamente la bajada de Estacas de Trueba se compone de seis grandes rectas comunicadas entre sí por cerradas curvas de herradura. Sin embargo esta impresión de sencillez es errónea, dado que en todo momento la carretera culebrea y lo que parecían rectas no acaban siéndolo. Además el firme está muy deteriorado, y hay zonas donde nunca pega el sol, por lo que suelen estar húmedas y resbaladizas. Por último los barrancos que se abren a izquierda y derecha de los ciclistas pueden hacer que los más propensos a padecer agorafobia encuentren en este alto una de sus tumbas deportivas.

 

El entorno es, para el cicloturista, alucinante, dado que dese la cima prácticamente se puede ver en un día despejado toda la subida y allí, muy lejos, el mar. Incluso en días excepcionalmente claros se alcanzan a divisar los Pirineos…si no te estás jugando la Vuelta y puedes parar con tranquilidad, claro.