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Los puertos de paso de la Vuelta a España: Puerto del Caracol.

7 agosto, 2014

 

 

 

Descubierto para el mundo del ciclismo profesional hace menos de una década, el Puerto del Caracol se ha ido haciendo poco a poco un nombre propio en la historia de la Vuelta a España, principalmente gracias a Alejandro Valverde, que en un lluvioso día de 2008 perdió allí todas sus posibilidades de victoria en la ronda española.

 

Lo cierto es que este puerto, catalogado como de segunda este año pese a subirse por su vertiente más dura (bien podría haber sido un primera) tiene argumentos suficientes como para seguir conformando su propia leyenda.

 

Esa peña es el Caracol
Esa peña es el Caracol

La subida empieza en la localidad de Selaya, justo al concluir el descenso de la Braguía, con lo que los corredores no tendrán ni un metro de descanso ara avituallarse y relajar las piernas. Los dos primeros kilómetros son muy duros, con rampas de hasta el 10 por ciento y una media del ocho, por una carretera perfectamente asfaltada y de gran anchura que será la que nos acompañará hasta la cima.

 

Una vez superados estos dos kilómetros entramos en uno de los tramos característicos del puerto, una bajada de un kilómetro a gran pendiente que nos lleva hasta el lecho de un río con un par de curvas bastante peligrosas. El siguiente kilómetro, también duro, nos permite ver perfectamente la carretera por la que acabaos de bajar, y tener una sensación un tanto absurda de no avanzar…

 

Luego entramos en los tres kilómetros más duros de esta subida, con continuas rampas al doce por ciento seguidas de pequeños descansillos que impiden al ciclista coger un ritmo constante que le permita superar el puerto. Una curva de herradura de gran pendiente marca el final de esta zona, en la que franquearemos un par de barrios.

 

Verdor en el valle
Verdor en el valle

De allí hasta la cima restan algo más de tres kilómetros bastante duros, por encima siempre del siete por ciento salvo los últimos cientos de metros, y con rampitas sueltas que nos morderán con fuerza en las piernas. Las vistas son inmejorables y ayudan a hacer más llevadero el trance…pero este es uno de esos puertos donde todos, absolutamente todos, acaban sufriendo.

 

La bajada sigue la tendencia del día, y es muy peligrosa. De gran pendiente los corredores pronto toman unas velocidades muy elevadas. Este descenso está lleno de curvas ciegas y de tramos normalmente húmedos, donde en invierno es frecuente ver placas de hielo. Si el día de la carrera sale una jornada de lluvia o niebla podemos estar ante uno de los momentos decisivos de la etapa.

 

Tras un primer tramo de cinco kilómetros de bajada pura entramos en una carretera por el Valle del Miera, que de forma normalmente favorable, y con algunas curvas muy peligrosas, nos lleva hasta Liérganes. En este tramo hay también una rapa de algo más de kilómetro y medio con grandes rampas que rompe el ritmo de la bajada y que tus piernas, frías por el descenso, notarán como si fuera el mordisco de uno de los lobos que todavía quedan por estas cumbres.