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Y una curva más.

2 abril, 2016

Hombre, no me digas. Ya casi estás arriba, decía aquella chavalina de la cuneta. Hace tres kilómetros, la muy ladina. Que en realidad lo habrá hecho por compasión, porque a nadie le gusta ver tan fastidiada a la gente, que parece que voy a echar las tripas sobre el asfalto. Pero nada, eso no se puede hacer. Claro que la culpa es mía, porque mira que creerme eso de que faltaban dos kilómetros, o eran tres, ya no recuerdo, cuando el cuenta de mi bicicleta, que tiene hasta gps, me dice lo contrario. Pero bueno, el que hambre tiene ve pan en todas las esquinas, o en este caso en todas las curvas.

 

Curvas y curvas
Curvas y curvas

Porque cuantas curvitas tiene el puñetero puerto. Ya he contado 220 herraduras, pero seguro que me estoy pasando, porque voy tan despacio en ellas que creo que las cuentos dos o tres veces cada una. O diez. Y mira que a mí me gustan las herraduras, ¿eh? que no hay nada más aburrido que una carretera recta, yo es que cuando las paso no sé dónde meterme ni cómo acoplarme sobre la bici. Porque además en las rectas llanas siempre hay viento de cara, macho, no entiendo cómo ocurre, porque te pega en el morro a la ida y a la vuelta. Ni ese consuelo tenemos los culogordos, vaya.

 

Hala, allá va otro que me pasa. Si es que van como locos. Claro que con su edad yo también caminaba un montón, lo que no entiendo es qué narices hace él aquí en vez de estar por ahí paseando a la novia o yendo al guateque (¿se dice todavía guateque?). Si es que así cualquiera. Claro que si me pasa es porque yo me pasé de listo antes, bajando el segundo puerto del día sobre todo. Bueno, subiendo también, que me iba el pulsómetro todo el rato pitando hasta que tuve que quitarle la alarma para no asustar a los de la ambulancia, más de 170 de media subiendo ese puerto. Pero yo soy de muchas pulsaciones, ¿eh? que soy apasionado. Allí me hice el hombretón, y luego bajando…ay, bajando. Allí sí que puedo pasarme a algunos chavalines por el forro, que uno es perro viejo y ha trazado más curvas de las que ellos nunca verán. Entonces sí, entonces me acoplo bien y fiiiuuuu….para abajo. Y luego en el llano, en esos puñeteros quince kilómetros de llano entre puerto y puerto (que ya me dirás tú por qué razón siempre hay llano entre puerto y puerto para matarte las piernas) ya estaba en un grupo de gnte que caminaba más que yo, y hala, a pasar a los relevos por chulo, y claro, en la subida ya empiezo destrozado.

 

Un esfuerzo más
Un esfuerzo más

En fin ahora sí que creo que quedan dos kilómetros nada más…al ritmo que voy diez minutitos de nada. Vaya hombre, otro rampón, igual son doce…en fin, qué le vamos a hacer, me pasa por hacerme el duro. Eso sí, al siguiente chaval que me pase como un obús le digo algo, ¿eh? le digo algo, que yo tengo un palmarés cicloturista que ya quisieran ellos.

 

Dos kilómetros aun. Y todos de curvas.